lunes, 10 de noviembre de 2008

Soledad sonora

"Silencio elegido" se llama uno de los más bellos libros del trapense Thomas Merton. En él habla del silencio como fecundidad, como lugar de reencuentro con la verdadera humanidad.
Porque, efectivamente, si a muchos la soledad les volvió desgraciados, no hay un solo genio en la humanidad que no haya plantado las raíces de su grandeza en largos períodos de intensa soledad.
Tiene razón Sterne al asegurar que "la mejor nodriza de la sabiduría está en la soledad".
Sólo en la soledad se acrecienta el alma y es en ella donde con más fuerza se puede oír la voz de Dios.Pobre de la persona que necesite llenar su vida de ruidos y palabras.
Hay mucha gente que tiene, efectivamente, pánico al silencio: al entrar en casa lo primero que hace es girar el botón de la radio o encender el televisor, porque necesita, al menos, esa presencia de las ondas o las imágenes para no sentirse asfixiado de silencio. Y con frecuencia llenamos nuestras casas de perros o de gatos porque no sabemos vivir y dialogar con las personas. ¿O es que nos disgusta tanto a nuestra propia compañía que no soportamos vivir con ella?Y, sin embargo, hay una "soledad sonora" en la que todo habla al alma, que sabe descender a ella para encontrarse con la propia verdad.
Pero, digámoslo en seguida. esta soledad elegida es un arte muy difícil, con frecuencia su aprendizaje exige una vida entera.
Por de pronto es ésta una soledad que no sirve para el olvido, ni puede surgir de un simple desengaño. Huir a la soledad es profanar la soledad y engañarse tontamente. Porque "el que en ella busca olvido sólo acrecienta el recuerdo", como escribe Fuiler.
¡Tanta gente que "se refugia" en la soledad encuentra únicamente en ella sus vagabundeas mentales! Ir al silencio para remasticar nuestros fracasos o lamer nuestras heridas no es una solución.
En realidad, "en la soledad se encuentra lo que a la soledad se lleva", que decía Juan Ramón Jiménez.
Un alma pobre en el ruido se encontrará con su pobreza en el silencio. Hay
demasiadas personas que creen que resolverán sus problemas cambiando de lugar de
residencia, o de trabajo, o de compañías.
No se va a la soledad para quedarse en ella: se va para regresar de ella más abierto y abundante en cosas que dar y que ofrecer. ¡Qué pobres los que cuando están en la soledad están solos!
El más solitario de los cartujos, o está "sirviendo" a alguien (a Alguien,
con mayúscula, o a sus hermanos, con minúscula) o es una vida perdida.
Maupassant decía que "cuando estamos demasiado tiempo solos con nuestros propios problemas nuestro espíritu se llena de fantasmas".
Sólo se puede estar solo cuando se está, en la soledad, con los demás en el corazón. La soledad no es un bien en sí. Es un bien "para algo" y "para alguien", es un solar sobre el que construir mejor la propia alma o una huerta para
producir frutos que otros puedan comer.
Adaptación de Martin Descalzo

2 comentarios:

Silvia García dijo...

Bellísima entrada.
Buscar la verdadera soledad, la soledad sin fantasmas, es un trabajo para toda la vida, yo hace mucho tiempo que ando recorriendo ese camino, pero a veces siento que recién empiezo.
Un abrazo

Bacdiras dijo...

"... la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora"
Qué delicia la soledad, ya lo decía San Juan de la Cruz y estoy de acuerdo contigo. Esa soledad elegida me encanta, me nutre, me regenera. Doy gracias por ello.

Preciosa entrada. Un besillo.