Durante el fin de año nos deseamos unos a otros felicidad para el año próximo. También en nuestro interior establecimos para nosotros mismos buenos deseos para el año que comienza. Dijimos y repetimos hasta la saciedad : "Feliz y próspero año nuevo".
- Serás feliz si te metes todas las noches a la cama sin haber violado tus códigos morales, si te pones a dormir sin sentimientos de culpa, disculpa, vergüenza o venganza.
- Serás feliz si haces las cosas que debes hacer de la mejor manera posible. No hay nada peor que hacer bien algo que no debería hacerse.
- Serás feliz si centras tu trabajo en los procesos y en los resultados, no en las actividades para lograrlos: a mí me corresponde el esfuerzo, el resultado lo dejo en manos de Dios.
- Serás feliz si eres coherente entre lo que piensas, sientes y haces.
- Serás feliz si das y te das a quienes quieres. Y también, ¿por qué no?, a quienes no quieres.
- Serás feliz si dedicas el tiempo a vivir el presente, si eres capaz de sacar rendimiento a las pequeñas cosas de la vida cotidiana: un beso, una caricia, unas palabras amables, una rica comida, un paisaje precioso...
- Serás feliz si te asocias con los sabios y huyes de los necios.
- Serás feliz se te haces responsable de tus pensamientos, sentimientos y conductas.
- Serás feliz si buscas la felicidad en lo posible, no en lo imposible.
- Serás feliz si buscas la felicidad en tu interior.
- Serás feliz si creas felicidad con tu actitud ante las dificultades
- Serás feliz, en definitiva, si eres consciente de que la felicidad no está detrás del horizonte, sino justamente allí donde tú eres más tú, en lo más íntimo de tu ser. ¡Qué gran seguridad sientes cuando te des cuenta de que tu deseo de felicidad y de relaciones personales satisfactorias no es sino ¡el amor de Dios en ti que busca expresarse por medio de ti!
Cada momento de tu vida se convertirá en una oportunidad de poner a prueba el amor de Dios al expresarlo en todos tus pensamientos, todas tus palabras y acciones hacia los demás.
¡Feliz , muy feliz año nuevo!